Genocidio Tártaro «Sürgün»

A mediados de 1944, la Unión Soviética de Iósif Stalin protagonizó un triste episodio consistente en la deportación de los tártaros de Crimea. El suceso que fue bautizado como «Sürgün» en idioma turco, estuvo a punto de acabar con la existencia del pueblo tártaro, algo que llevó a muchas de sus víctimas a denunciar lo ocurrido como un evidente intento de genocidio dentro de la Segunda Guerra Mundial.

Los tártaros eran un pueblo de origen turco y religión musulmana que durante la Edad Media se habían asentado tanto en la Península de Crimea, como en el Río Volga y los Montes Urales. Curiosamente cuando el Tercer Reich invadió el sur de Ucrania en 1941, muchos tártaros se alistaron en el Ejército Alemán y las Waffen-SS para conformar la Legión Tártara que luchó junto a las fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial.

Al reconquistar el Ejército Rojo la Península de Crimea a mitad de 1944, Iósif Stalin deseaba vengarse del pueblo tártaro, al que consideró «colectivamente culpable» de haber colaborado con la Alemania Nacionalsocialista. Así fue como rápidamente trasladó a la Policía Estatal Soviética del NKVD al frente del comisario Lavrenti Beria, que desplegó a un total de 32.000 hombres armados dispuestos a intervenir en la Acequia Tártara.

Oficialmente el «Sürgün» comenzó el 18 de Mayo de 1944 mediante una redada contra 48.400 ciudadanos tártaros que fueron obligados a abandonar sus hogares, llevando consigo maletas de equipajes, para a continuación ser conducidos a estaciones y deportados a bordo de veinticinco trenes en dirección a Siberia. Al día siguiente de este traslado a los gualgs, el 19, se produjo una segunda redada con más prisioneros, incluyendo millares de mujeres, niños y ancianos; mientras que el 20 una tercera que aumentó la cifra a 13.412 personas hacinadas en de 67 convoyes ferroviarios. Hasta ese momento más del 90% de los tártaros habían desaparecido de Crimea con un total de 184.812 deportados hacia el interior de Rusia.

Deportación de los tártaros de Crimea.

La deportación fue una experiencia terrible para los tártaros durante el «Sürgün» porque a bordo de los trenes tuvieron que soportar una ruta muy larga desde Crimea hacia el interior del Asia Central, conviviendo treinta familias dentro de vagones herméticos y oscuros sin apenas comida, agua y carentes de cualquier condición higiénica, e incluso con la palabra «traidores» escrita en el exterior de los coches (lo que hacía que la gente les tirase piedras al circular por el interior de las ciudades). Ante esta situación, cada vez que un tren se detenía, los guardias abrían las compuertas para arrojar los cadáveres de los pasajeros, ya que una terrible mortandad se abatió entre los tártaros. De hecho, de cada familia de cinco miembros sólo sobrevivieron uno o dos al viaje, siendo la línea hacia Kirguizistán la más letal porque millares de inquilinos perecieron en los vagones, hasta alcanzarse una cifra de 7.889 víctimas mortales en todas las rutas. Lamentablemente una vez los prisioneros alcanzaban los campos de concentración y gulags en las remotas Siberia, Kazakhistán o Uzbekistán, tampoco su futuro mejoró porque las autoridades del NKVD sólo concedieron un apartamento para cada dieciocho familias, lo que obligó a muchos a turnarse para dormir o echarse en el exterior expuestos al frío helado hasta que lógicamente acababan por fallecer. Curiosamente la última cifra registrada en los campos de trabajo antes del final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 fue de 26.775 tártaros muertos.

Al mismo tiempo en que tuvo lugar el «Sürgün», en la Acequia Tártara y otras regiones de Crimea, los pueblos y aldeas que los tártaros habían dejado vacías, así como un total de 18.000 granjas colectivas, fueron entregadas a 51.000 colonos rusos que en muchos casos se los trasladó forzosamente por orden del Kremlin. A partir de entonces se tendría que esperar casi una década para que tras la muerte de Iósif Stalin en 1953, los tártaros supervivientes fuesen liberados durante la «Desestalinización» y devueltos a Crimea.

Aproximadamente durante el «Sürgün» murieron un total de 88.000 tártaros de Crimea. La cifra que constituyó el 50% de esta minoría étnica, estuvo a punto de hacer desaparecer a los tártaros como pueblo, lo que sin duda constituyó un evidente caso genocida por parte de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Carlos Caballero Jurado, Comandos en el Cáucaso, «Capítulo XIII Deportaciones en masa», García Hispán Editor (1995), p.171-189
-Stéphane Courtois, El Libro Negro del Comunismo, «Capítulo 12. El reverso de una victoria», Ediciones B (2010), p.-291-298